Carlos's profileEl Club de los Poetas Vi...PhotosBlogListsMore Tools Help

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    En el Nombre del Grande

    La vida es una empresa a corto plazo.
    En ese rostro de claro nardo
    las piezas abiertas de la flor olían
    a sueño muerto, al joven dueño
    a la clara luz del mediodía.
     
    Responde, verso
    a las peticiones de tu señor, de tu siervo,
    y porque acudes te llamo,
    mirad qué es la muerte del tiempo.
     
    Ahora que no puedo ver tu sangre
    sembrando en la arena la muerte,
    de qué me sirve recordar,
    destripar, las palabras que dije.
     
    Pues soy caballero y narro a la vida
    a la sonrisa que todo lo detiene,
    y tiene sobre tu cuerpo que escarba la nieve
    de la cumbre de mi corazón, escarcha.
     
    Tu rojo líquido ha teñido ya la playa,
    la negra, la roca, la rosa malva;
    y qué voy hacerle yo,
    primitivo arrefice de los restos de la rima;
    soy sólo un poeta
    y las palabras sirven para describir lo que se siente
    al perderte más y más,
    al abandonarme al éxtasis prohibido
    de la profanación
    y a no sentir las lágrimas como si fueran agua.
     
    Soy sólo un susurro,
    el mar ha empezado su tempestad,
    contempla el paraíso de mi paladar
    oye mi arrullo a tu oído moribundo.
     
    Las antologías,
    la recopilación, todo ha desaparecido,
    pues ya no estás tú, ya no me queda nada.
    El mugir de las gacelas, el graznido de los perros,
    la exaltación de las palomas en un millar de vítores creciendo;
    las rocas planas, los negros versos,
    no hay canto ni diluvio de azucena
    no hay cristal que la cubra de plata,
    no está ya la lluvia que lo sepulte
    en un río enfermo que acoja la bilis
    junto al lamento.
     
    Designad pues los profetas,
    aquellos elegidos que se salvan
    del pecado, pues los hombres pecan.
    Y haced entre todos los restos, gestas
    el uno y gran laurel,
    que elegido ha salido el vencedor,
    de la voluntad magnánima de él.
     
    Saiph

    MIS LETRAS NEGRAS

    Yo,

    que capturé esa luna, desde el rincón

    de mi balcón, cobijo,

    decido pasear los pies una vez más

    arrebatando los penachos caídos

    de un gorrión mil veces muerto

    como un silencio, un artificio

    fruto de la hipocresía más cobarde, bajo un cielo

    de carbón manchado, de mórbida muerte

    amenazando con desprenderse

    en un aguijón, un cuchillo fino

    que desgarre la carne de cuantos la poblamos.

    Mi bastión, el hogar, telaraña,

    por la mañana, como tantas, atrapado entre sus gruesas garras,

    en la distancia son de mil colores;

    verdes y rojos, y blancos y amarillos,

    donde la negra noche tiñe las sombras;

    acabó el sol en un crisol de humo negro, es el destino;

    nos lleva al cementerio en medio del alba.

    Demasiado óxido en el horizonte de la mirada

    Expulsa su hedor insoportable

    y ni siquiera ya el verdor de mi bosque apartado

    me defiende del mordisco

    de este perro con rabia. Se encaprichó de mi vida

    y yo la até con cadenas a sus pies.

    Como tantas veces equivocado, lanzo a la mole de asfalto y hormigón

    mi juramento de odio y fidelidad eterna

    en este odio que parece amor;

    el verde fresco y esa baba viscosa

    es el morbo de unas líneas delicadas

    que atraviesan la capital.

    Y en el cartel en donde capturé la luna,

    el único lugar del mundo donde la perdición es una

    con la oportunidad de la mano; el rectángulo de plata

    y tantas sonrisas, tanto grito aberrante y sus susurros,

    recortado contra un mar desolado, en medio del haz de luz del amanecer,

    ha muerto siquiera antes de nacer

    y me dio la vida:

    Madrid.

    Saiph.

    El poema NO premiado del concurso.

    El regalo humano

    Más allá de la tormenta

    bajo la Polar, el sol oscuro

    hay una casa vacía,

    una casa pequeña

    que de entre los sueños

    es el menor mortal de los pecados.

     

    Las paredes hablan blanquecinas

    bastos lenguajes. Vistosas como la flor

    que atrae a la abeja.

    Son sus días pequeños, la verdadera vida

    de un posible dueño, que alguna vez

    la ocupe y la huela. En el momento

    cumbre, de esas esperanzas mal interpretadas

    por una inmortalidad inerte: Los edificios,

    seguirán siendo sombras, compitiendo

    con la sonrisa, que es luz, de un ser

    afortunado, como lo es el hombre.

    Sueña con poder luchar por sus sueños,

    separa por las noches el cemento, ladrillo

    y sus consignas de fuego ya no le sirven.

    Maldito el día en que todo aquello que no fue nada,

    vuelva a serlo.

     

    Ya ni siquiera se puede soñar que se sueña,

    Pues si juntos somos la realidad que forma la casa,

    la unidad hace la fuerza de un necio

    y en la soledad, la sensación de no servir, está infundada.

    Sin embargo, fijaos,

    allá en la noche, justo debajo del sol negro

    hay por lo menos una casa,

    y es el menor mortal de los pecados.

    Alpha

      Mis letras, mi todo, mi palabra y la expresión, tenían dos ojos, dos manos, dos orejas, una cabeza y un perro.
     
      Del amante que caminaba por la calle, acera dura, descubiertos los charcos. A un lado y a otro la capital. La sombra de un edificio era niebla y sus pasos sonaban como el ruido de la lluvia después de un leve amanecer por sobre la sierra del Almanzor. Sin las letras, el poeta muere, sin sus versos, el polvo es polvo, y principio un sinsentido. Porque todas las hojas no son hojas para alguien que no da un paso igual que otro.
     
      El poeta paró a la orilla del agua mansa, del quieto charco, en medio de los árboles que, verdes, lanzaban su aroma embriagador al aire. El perrito dejó de ladrar cuando su mano lo acarició. La expresión, esa incansable furia que llevamos dentro; lo explícito frente a lo implícito, el zumo de naranja frente a la naranja con el zumo dentro. Expreso, sin paradas, sin ir de paso; haciendo de lo directo, un veloz; del mensaje, tiempo y las palabras un absurdo más. Se paró bien quieto pisando el barro suave y oscuro de la franja húmeda, y los pies se le hundían poco a poco. Pensó como piensan los que ya tienen por cierto que queda poco por hacer que les entretenga más que ver morir el tiempo. Tenía una historia de amor que contar, una historia aún sin palabras, un sentimiento. Escribió sobre la tierra con un dedo firme y la mirada desvanecida, perdida por el horizonte:
    no supe decirme
    que te amaba,
    y no te amé
      Sin punto ni coma, sin mayúscula. Para qué el principio, para qué un final. A veces eso es lo único que nos importa, otras veces no. Hay historias y libros, cuentos y vidas que merecen ser contadas y no tienen palabras adecuadas que sirvan para llegar al corazón, para expresar lo que realmente quieren. Hijos de hijos, de hijos de la memoria. Todo parece tener limitaciones en esta vida, sobre todo para quien es consciente de ello.
     
      Dicen que los poetas logran contar cosas increíbles a partir de unos granos de arena, sin embargo, nuestro héroe se alzaba sin nada entre las manos, con la cabeza trastocada, de vuelta a la misma senda, al mismo camino de tierra. Pues del mismo modo que hizo segundos irrepetibles, crea vacíos, manzanas tan iguales a sus hermanas, que pasan desapercibidas: Yo soy el que dicta, cuál es el nombre de los animales, una voz suya, que dicta al son de sus deseos.
     
      Volviendo el poeta que se define al andar, dejó las musas hace ya mucho tiempo y ahora vaga, y ahora para él es el momento de empezar a susurrar con los ojos el verso que le haga pensar de nuevo en este segundo, volver otra vez y vivir, una vez más, y a su lado, las palabras dictadas por los dedos inquietos:
    El caminante tampoco trae, de las aceras
    y los pasos, un puñado de tierra. Si realmente
    sabe qué es lo que ha encontrado, el nombre
    de su creación, será el principio eterno,
    la evanescencia infinita del segundo efímero
    que ya no existe, que ya no es nada.
    Sólo nos quedará decir casa, árbol, vida,
    roca, torre, humo; a lo sumo: Carlos.
     
      -¿Y quién es usted?
      -Yo quiero ser poeta.